8 carreras en 4 días.

Los días 7, 8, 9 y 10 de octubre de 1996 fue la última vez que había conseguido meterme en el cuerpo 8 carreras (o entrenamientos) en tan sólo 4 días. Carrera por la mañana y por la tarde durante 4 días consecutivos. 20 años han llovido desde entonces.

Me inscribí dando por hecho que no podría completar los 8 entrenes, apuntado como estaba además, en el nivel alto, demasiada tralla para la edad que tengo, lo poco que entreno y los “kilitos” que me sobran. Pero había que intentarlo, ir de una en una tachando, y ver hasta dónde podía llegar…, y así lo hice.

Salimos el día de año nuevo desde Caudete de las Fuentes dónde pasamos la nochevieja. Llevaba desde la carrera de Chiva (el día 27 de diciembre) sin ponerme las zapatillas debido a un fuerte resfriado, total 5 días consecutivos sin entrenar.

Llegamos a Cercedilla (Madrid) a eso de las 20 h. ya con la caravana preparada, aparcamos en el parking que hay nada más pasar el Día (a la izquierda), abajo del todo. Un viento sin escrúpulos nos estuvo azotando toda la noche, y cuando parecía que empezaba a amainar, comenzó a llover.

Desayunamos al día siguiente, y nos llenamos las mochilas con lo más esencial (o eso creíamos entonces), chubasqueros y salimos a la calle a mojarnos bajo la lluvia que no cesaba. Tuvimos que salvar un fuerte desnivel de unos 200 ó 300 metros para llegar a la zona de concentración desde dónde empezaba la odisea. Según ascendíamos, al tiempo que se nos aceleraban las pulsaciones, la lluvia se hacía sólida, hasta el punto de convertirse en nieve, justo en la zona de salida.

Tomé la salida el primero porque el frío era insoportable, y arranqué con la primera carrera, y con la primera baliza, 105 metros de desnivel para picarla, de locos vamos. Hasta 5 veces tuve que subir alguna de las 3 cotas del mapa. Desnivel total de la prueba, 350 metros, distancia teórica 7,3 kms que se convirtieron en 11,2 kms.

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Llegué a meta completamente reventado, casi 2 horas de competición, con el desnivel de la prueba, el viento helado que congelaba incluso las ideas y el puñetero resfriado. Bebí 2 buenos tragos de agua y me comí una mandarina, el sudor helado me obligó a tomar inmediatamente la salida en la prueba de la tarde, y así lo hice.

Con tan sólo unos 10 minutos de descanso, arranqué con la media distancia, mi objetivo era completar 3 ó 4 controles y abandonar. Otros 75 metros de desnivel de golpe entre la salida y el segundo control, y otras 4 veces a subirme las cotas del mapa, 210 metros de desnivel acumulado y 3,4 kms que fueron 4,8 kms reales. Y acabé la prueba sin error en tarjeta. 1 hora y 6 minutos.

Ambas pruebas no respondieron a mi nivel de dificultad técnica y superaron mi nivel de dificultad física, no me gustaron los trazados, aunque sí el mapa.

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Llegué a meta sobre las 14 h, hora a la que salía Cristina, y a la que llegaron primero Ainhoa y luego Sheila. Me cambié de ropa y me abrigué lo que pude, pero el frío se colaba por todas partes, 2 horas de espera pasando frío y encima nos subimos sin pan.

A las 15h 30′ no pude más y empezé a devorar el salchichón (en rodajas) que habíamos preparado para los bocatas, no nos quedaba agua, y desde las 8h de la mañana llevaba con una mandarina en el cuerpo. Buffffff, vaya día.

Por la tarde, despues de comer, nos dirijimos a Moralzarzal para ducharnos, ni la calefacción del coche me hizo entrar en calor. Me quite unos 2 kms de las piernas con la ducha de agua hirviendo que me metí en el polideportivo, y de allí nos fuimos a Colmenar Viejo, dónde al día siguiente nos esperaban 2 competiciones más.

Estuvo lloviendo por la noche, dormimos bien, cuando salimos de la caravana, una niebla espesa impedía ver a más de 5 mts de distancia, como si de Londres se tratase. Cierto, que los 8ºC de temperatura que habían se agradecían, en comparación con lo del día anterior. De nuevo tomé la salida de los primeros, en torno a las 11 h.

Prometía la jornada. Sprint + Relevos, despues de la jornada del día anterior, día de relajación. Nada más ver la distancia, casi me da algo, un Sprint de 4 kms lineales. El Sprint más largo de mi vida. Trazado muy soso, sin apenas elecciones de ruta, y salidas poco espaciadas que nos hacía circular en caravana uno detrás de otro.

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Al llegar a meta, me fuí a la caravana. Cris, Sheila y Ainhoa aún no habían salido. Me cambié de ropa y me comí 3 mandarinas y 1 plátano, y líquido, mucho líquido.

A las 14h 15′ dieron la salida en masa de los relevos en el nivel alto (dónde yo participaba), la niebla se espesó al máximo, prometía una buena prueba de orientación, y así fué, (por cierto que iba probando con brújula nueva). Los 2 primeros controles, bastante largos los clavé, pero en el tercer control me perdí, la niebla y la inmensidad de depresiones que habían, dónde además algunas tenían agua que no aparecía en el mapa, me hicieron disfrutar por fin de una prueba de orientación como Dios manda.

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Digamos, que la climatología era perfecta para practicar orientación, que el mapa era tecnicamente perfecto para una prueba de relevos, y en éste caso el trazado sí estuvo adaptado a un nivel de dificultad alto. Indescriptible. 4 kms de la mañana + 5 kms de la tarde, que en kms reales fueron 14,6 kms en total. Al acabar la prueba me dispuse a comer, y de allí de nuevo a Moralzarzal a repetir la ducha de agua caliente.

Conseguimos ésta vez, salir de Colmenar Viejo sin equivocarnos, Moralzarzal, y de allí a Becerril de la Sierra. Aparcamos en la misma zona de competición, una zona muy chula, y allí pernoctamos. Por la noche otra vez la lluvia.

Nos levantamos y estaba lloviendo, aunque con más intensidad que el primer día. No nos quedó otra, chubasqueros y a correr. Tenía las piernas agarrotadas, pero me dió igual, quería disfrutar del mapa.

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La lluvia fué incomodísima, el mapa espectacular, el trazado interesante y la distancia adecuada tras el palizón de los días anteriores. 5,5 kms (8 kms reales) y 375 metros de desnivel. Prueba dura.

El tramo más bonito, del control 2 al 3. La clave estaba en salirse del mapa siguiendo la senda que bordeaba la montaña, girar a la izquierda para volver a entrar en mapa, y salvar así unos 60 mts de desnivel. Pocos corredores vieron esa ruta.

Llegúe a meta chorreando de agua, con 2 dedos dentro de las zapatillas (por cierto de clavos), me quité el chubasquero, me quité la camiseta y me puse una seca, y 2 mandarinas, 1 plátano y algo de líquido isotónico. Me planté el chubasquero, y me dispuse a hacer la media distancia con apenas 15 minutos de descanso.

Fué la mejor prueba de las 8. En la que mejor clasificado quedé y en la que más rápido rodé. Una carrera simplemente espectacular, tanto en recorrido como en mapa.

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Muchos controles, mucho cambio de dirección, distancia 2,5 kms y 145 mts de desnivel, además dejó de llover. Acabé muy satisfecho.

Nos fuimos de Becerril a Moralzarzar, de Moralzarzal a Becerril, y de Becerril a Navacerrada, dónde al día siguiente finalizábamos la odisea. Y es que nos habíamos quedado sin gas en la estufilla de la caravana.

El mapa de Navacerrada lo conocíamos porque estuvimos el pasado Otoño disputando 3 pruebas de orientación. Otro de los mapas que vale la pena.

Dormimos espléndidamente, y al amanecer cuando salí de la carvana para sacar a los perrillos a mear, estaba nevando. En un principio nos planteamos recoger y largarnos, ya que no llevábamos cadenas y si la nieve cuajaba no podíamos salir. Pero estábamos a 1ºC y la nieve no cuajaba.

Por momentos la nevada empezó a ponerse seria. Otra vez chubasqueros y a la zona de competición. El mapa lo dice todo, sólo ver los blancos que tiene, ya imanta.

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Empecé la prueba fallando en el primer control. Salí sin calentar, estaba nevando y no podía ya con mi alma, así es que dije, ya calentaré sobre la marcha. Pues lo pagué, además cuesta arriba ya no podía correr.

El trazado fue casi tan interesante como la climatología que nos encontramos, por momentos nevaba copiosamente, salía el sol o granizaba. Pero fué espectacular. Quien no vino se lo perdió.

Llegué a meta, descargué la pinza, 2 tragos de agua, y empalmé con el mapa de la tarde.

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Cómo puede verse, un trazado muy bonito desarrollado por la zona dónde se hizo la competición de O-precisión. Cometí pocos fallos, pero fuí muy lento, el cansancio hacía mella, y los pocos minutos de descanso entre las 2 pruebas incrementaba la fatiga.

Al final 12,7 kms entre ámbos mapas y 400 mts de desnivel. Fue muy bonito estar en la caravana comiendo y viendo cómo caía la nieva por la ventana.

He llegado a Valencia con los cuadriceps como piedras. 4 días fantásticos.