Trazados anteriores (varios).

LACV Vilamarxant 2019.

Cto. Autonómico Vall d’Uixó 2019.

Concurso FEDO 2019.

Cto. Autonómico Vall d’Uixó 2018.

LSE Cofrentes 2018.

Concurso FEDO 2018.

Cto. Autonómico Náquera 2017.

Cto. Autonómico Llíria 2017.

Concurso FEDO 2017.

Cto. Autonómico Requena 2016.

Concurso FEDO 2016.

LACV Cheste 2015.

Cto. Autonómico Alboraya 2013.

LPV Venta del Moro 2013.

LACV Venta del Moro 2013. 2 cambios de mapa.

LACV Utiel 2012.

LACV Bétera 2011.

WRE Utiel larga 2011.

WRE Utiel media 2011.

LACV Bétera 2009.

 

 

Campeonato del Mundo de Rogaine 2019.

Con la entera convicción de encontrarme con la buena organización que caracteriza las pruebas que se disputan en Catalunya, y tras el buen sabor de boca que me dejó mi anterior competición en los Pirineos Catalanes, comenzó la expedición hacia la locura.

Había llegado el ansiado día tras varios meses de planificación y entrenamientos, entre ellos dos Rogaines de 6 horas; en Peguerinos y Piedrafita de Jaca, el Campeonato de España de 8 horas en Cuenca,

                                                                   

un entrenamiento de 8 horas en la Calderona con 4 horas de nocturno,

un maraton de montaña en la calderona (42.2 kms),

y otro entrenamiento de 11 horas en la Sierra de Javalambre con desniveles de la perimetral y a una altitud similar a la de la competición (pirineos catalanes en la estacion de esquí La Molina).

 

EMPIEZA LA COMPETICION

Se adelantaron Vicente y Mariví que montaron el campamento y comenzaron a aclimatar sus pulmones para el día siguiente.

Tras la exquisita y tranquila cena del día anterior (viernes) y la constante lluvia nocturna, nos metimos un buen desayuno, de esos que incluyen bocata, bollería y café con leche.

Nos dedicamos a investigar los poco halagüeños pronósticos del tiempo, que nos encontraríamos durante la competición ese día. Daban tormentas a las 10h y a las 17h, con caída brusca de temperaturas por la noche.

Leo, Cris, los perrillos y yo, nos fuimos a por los dorsales, y a recoger el inflador que andaba dando vueltas desde Peguerinos a Soria, y de Soria a Girona.

– “Escolta, una foto si us plau!, – “Faltaría més”. Y así nos tomaron la primera foto.

A las 9h de la mañana y después de hacernos la foto de rigor que fijamos a las 8:45 (con Hector y David porque del resto no sabíamos nada),  ultimamos las bolsas y recogimos los mapas y el GPS.

Cristina y Mariví que venían de apoyo, tenían por delante un Rogaine de 6 horas.

COMIENZA LA ESTRATEGIA.

Nos costó mas de hora y media perfilar la estrategia del Rogaine, mientras la lluvia no cesaba.

Algunos aspectos los teníamos bastante claros:

– Las horas de descanso las haríamos en la tienda y por la noche, para aprovechar las horas de luz y temperaturas menos gélidas.

– Había que pasar como mínimo 1 vez por el hash house (avituallamiento sólido), y garantizar el paso cada 3-4 horas por avituallamientos líquidos.

– Evitábamos la zona sur del mapa (más árida), que además en esos momentos se encontraba embalsamada por una niebla muy espesa.

A partir de ahí empezó el juego. Habían 2 zonas claras en el mapa, con una mayor concentración de controles, claves para optimizar el esfuerzo.  Tras trazar una cicunferencia desde el hash house, nos declinamos por arrancar la competición en la zona oeste, por cercanía. Aunque nos costó decidirnos.

Lo segundo fue establecer, si hacer 2 salidas largas, ó 2 medias y una corta nocturna. Con la incertidumbre climatológica que se repiraba, decidimos preparar las 2 opciones A y B.

Con las zonas ya definidas, diseñamos los recorridos, el primero muy definido y el segundo con variantes, con una tercera variable: la inclusion nocturna.

Cuando fuimos llamados a la zona de salida, llovía sin descanso.

COMIENZA EL CAMPEONATO

A las 12h se dió el pistoletazo de salida. Nos tocó pasar por las tiendas a por el poncho de Vicente (que lo convertía por momentos en dementor), por lo que arrancamos el campeonato en última posición y con lluvia. Para empezar bien el campeonato.

              

Los 2 primeros controles los atacamos bien, adelantando equipos.  La ubicación del control 34 vaticinaba un buen rogaine, confundimos una senda pero enseguida enderazamos.

Fue en el control siguiente (59) en el primero que fallamos el ataque, y el primero que hicimos en seco ( había dejado de llover). Nos dejamos caer desde lo más alto relajados por la conversación que llevábamos y a mi me dió la impresion que el control caía muy bajo, en relación al centro del círculo. Adelantamos a 2 equipos en el descenso.

Pudimos vivir in situ, en un adelantamiento que nos hicieron, una de las técnicas que dan ventaja a los equipos más numerosos, a parte del de peinado.

(El equipo se enumera de 1 a 5, el primero memoriza y dirige el tramo al primer control y el resto corren detrás preparando y leyendo su tramo asignado. Al picar el primer control, el relevista 1 se pone a cola del grupo tomando el mando el relevista 2, y prepara el tramo del 5 al 6, que será el siguiente que le toque dirigir, limitándose a correr en el resto de controles intermedios).

MOMENTAZO

El primer momentazo lo vivimos en el control 22. Nada más tomar la curva del camino, nos topamos con numerosos equipos de la competición, el control estaba ubicado en un arroyo dentro de una zona espesa espectacular.

El segundo momentazo no tardó en llegar. Tras un error garrafal que nos hizo perder 5-7 minutos por equivocarnos de senda, atacamos el control 94 por el bosque, Vicente y Leo a curva de nivel, y yo por dentro del arroyo (que tras la intensa lluvia, imaginar como iba de agua), sólo el ruido de las cascadas, invitaba a transitar por ellas. Tuvimos que inmortalizar el momento con la gopro.

A REPONER FUERZAS

Habían dos opciones de ataque al control 39 y escogimos la mejor. Continuabamos dentro de la mejor zona del mapa, y escogimos la senda del norte que transitaba junto a un arroyo.

Después de cruzar por uno de esos puentes de madera al punto de rotura, hicimos un alto en el camino en un entrañable arroyo, para comer y desprendernos de los chubasqueros. Momento que aprovechó un equipo para adelantarnos.

EL HOSTIAZO

Reponer fuerzas oxigenó nuestro cerebro, ya que los 2 controles siguientes (39 y 80) nos salieron perfectos y adelantamos a 2 equipos, uno de ellos el que nos pasó mientras comíamos.

Antes de llegar al 39, me di un patinazo andando a curva de nivel, dejando caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi antebrazo izquierdo, que aterrizó en el tronco de madera mojada, causante de la caída. Por momentos llegué a marearme, ya que el impacto fue directo al hueso.

Me estuvo puteando el dolor durante el resto de la competición.

Decidimos salir a curva de nivel, dirección a la 80, y por error cogimos una senda no marcada en el mapa, que sin duda fue la más bonita y espectacular de la prueba.

Nos deshicimos de los 2 equipos que nos acompañaban y adelantamos a un tercero antes de caer clavados a la 80, donde otro equipo reponía fuerzas, cantando el control a todo quisqui que pasara por allí.

AL ATAQUERRRR!

Aprovechamos el tramo a la 54 (control fácil) para charrar un poco (ya no recuerdo de qué) y entonces divisé un cobertizo que me dió una idea excelente que resultó ser muy útil hora y media después. Nos encontramos a dos individuos pululando por medio del bosque haciendo no se sabe qué, que al llegar al control nos encontramos allí abajo.

– ” ¿Por dónde narices han bajado tan rápido?”

Lo descubrimos y subimos por allí. Delatores.

Atacamos la 84 por el tramo más largo, para evitar el abrumante desnivelaco del cortafuegos que se divisaba a la izquierda y que llevaba directo al control bajando por el otro lado, íbamos rollo cachondeo, ¿qué? ¿os apetece subir?

Nos lo comimos enterito minutos más tarde de salida a la 28. Ya se sabe, «a qui es burla, el dimoni li furga»

MALA SUERTE Y BUENA SUERTE

Tras picar la 28 por la mejor ruta posible, el tramo a la 74 se me antojó muy bonito y apacible pese a ir constantemente cuesta arriba; los ascensos dejábamos conducirlos preferiblemente a Leo para no sofocarla. Al llegar al control, un equipo de guiris andaba buscando algo con gran desespero entre las plantas.

Pensé que estaban buscando su voz porque ni saludaron con el clásico “Hi” de cortesía, que ya se había convertido en viral a esas alturas de campeonato.

Picamos el control y salímos a curva por una zona muy accidentada, fue entonces cuando Leo les preguntó en inglés qué andaban buscando.

– “Sssssportaident”, respondieron.

Mientras nos compadecíamos de ellos, por cobrarles ventaja de esa manera, Vicente que hasta entonces no había separado su vista del mapa (a riesgo de ir tropezando con lo que encontrase a su paso), fijó por un momento la vista en el suelo, y como por arte de magia, la sportident apareció allí,  esperándonos impaciente a ser devuelta a su dueño, que seguía buscando 100 mts más abajo.

– “¡Hey, guys! ¡Guys! Here, the sportaident!”, gritaba Vicente, en la situación más graciosa posible.

Después de agradecernos haberles devuelto a la competición, le dije al tipo:

– Bad luck and good luck!

Y continuamos la marcha por una senda que acabó diluida en un bosque de encanto…

MOMENTAZO

Iniciamos el ascenso hacia el control que más puntos nos iba a dar en toda la competición (109), no sin antes hacer un alto en el camino para reponer fuerzas. Leo y yo ingiriendo frutos secos, y Vicente desparramándolos por el suelo (bueno por la mochila), en una situación la mar de graciosa, menos para Vicente, claro.

Después de varios “Hi”, con equipos que venían en dirección contraria, seguimos la andadura descenso-ascenso.

Mientras Leo no dejaba de mirar hacia arriba las amenazantes nubes de tormenta que se avecinaban maldiciendo estar tan lejos del Hash house, Vicente seguía concentrado en el mapa, en la ruta y en el punto de ataque al control siguiente, y yo me centré en buscar lugares de cobijo en el tramo 109-99, ya que olía a lluvia y la opción de bajar a Masella, no dejaba de ser una quimera imposible de llevar a cabo.

Comenzó a llover 30-40 segundos antes de picar el control. En ese momento decidimos modificar la ruta prevista y volver al Hash House, ya que ni la lluvia ni su previsión, vaticinaban que fuese algo puntual de corto tiempo, eran sobre las 20h.

Antes incluso de que llegasen a pensarlo, les dije que habían 2 cobertizos muy cerca, justo cuando empezaba a granizar. A las vacas les pilló la tormenta de sopetón como a nosotros, y más por respeto que por educación, dejamos que se nos cruzara el rebaño a su ritmo, que parecía interminable, mientras lo observábamos impertérritos bajo la lluvia que resbalaba ya por dentro de los chubasqueros.

Cuando las señoras decidieron cruzar, fuimos directos al primero de los cobertizos, con tan buena suerte que el establo no disponía de candado, y allí nos metimos al refugio de la lluvia, y al calor de un espacio cerrado y sin ventisca.

DE MOMENTAZO A MOMENTAZO

Remitió la lluvia y trazamos la vuelta al Hash House. A 8°C de temperatura y bajando, calados hasta los huesos (aunque yo voy Calado siempre), no habían muchas más opciones, a riesgo de acabar asistidos por hipotermia como le pasó a otros equipos.

69-38-23. El tramo a la 69 fue demoledor, con frío, subiendo, subiendo y subiendo por las pistas de esquí diseñadas exclusivamente para descender, parecíamos un trío de locos, cuando salvávamos un rampón, aparecía otro detrás, y así hasta que empezó a llover de nuevo, momento en que nos cobijamos en una de las estaciones de trineo a devorar las gominolas de Leo, buscando refugio de la intensa lluvia.

El ataque al control fue espectacular, o mejor dicho excéntrico y esperpéntico. Fue sin duda el momentazo cumbre del campeonato.

Una vaca se estaba comiendo nuestra baliza o eso parecía, como poco la olfateaba.

Vicente entraba por la derecha, yo por el centro un poco más abajo, y Leo iba por detrás.

– ¡Corre Vicente foto! La vaca se está comiendo la baliza.

– ¡Date prisa Leo que se nos va la vaca!

Así fue como salió la fotaca que define en sí lo vivido en La molina, sin improvisación y tal cómo nos vino,  Vicente siendo observado por la vaca, Leo a toda prisa sacando la Gopro de la mochila, y yo comido por los nervios de ver que se nos iban la vaca y la foto. Que puntazo de momento!!! Fueron segundos a precio de oro.

Tras la fotaca, Vicente le lanzó unas ramas y la vaca salió de allí, pero detrás quedaba otra con cuernos y cara de pocos amigos, Leo y yo inmortalizamos ese instante con otra foto y nos fuimos a disfrutar del descenso hacia el Hash House.

Para acceder al control 38, nos dejamos caer por una de las sendas esas de Bike park prohibidas durante el día y que a esas horas (entrando la noche) ya estaban cerradas a los ciclistas. Otra ruta chula.

Ibamos huyendo de carreteras y caminos principales para disfrutar plenamente del campeonato, navegando constantemente por zonas principalmente boscosas, por lo que elegimos una de esas sendas para atacar el ultimo control del día.

EL ANSIADO CALDO.

Daban la puesta de sol a las 21:16 y llegamos al Hash House a las 21:21. Pocos equipos en el Campeonato amortizaron mejor que nosotros las horas de luz (que no de sol).

9 horas y cuarto de rogaine, calados hasta los huesos, y con el frío que teníamos, invitaban a cambiarse pronto de ropa y beber caldo aneto calentito.

Cristina y Mariví se encontraban descansando con peor ánimo que nosotros por quedarse sin ducha (no prevista para los rogaineros de 6 horas), aunque ellas el Rogaine lo hicieron de 7 horas para disfrutar de una hora más en los pirineos.

Nos fuimos a cenar; macarrones boloñesa riquísimos, unos cuantos caldos y bocatitas de esos a la catalana tan sabrosos que nos prepararon.

Por cierto, la atención y el servivio prestado por l@s organizador@s del avituallamiento, para quitarse el sombrero.

Me hice a la idea de la situación tan surrealista que estaba viviendo. Bebiendo caldo aneto caliente para poder entrar en calor en pleno mes de julio, después del veranito que estaba pasando en Valencia.

CALADO ES CALADO

Como no me quedaba ropa de repuesto, me quité las zapatillas y las calcetas chorreando sabiendo que horas después me las tendría que poner empapadas. La ropa que llevábamos en la mochila, estaba mojada, la tendí sin esperanzas de que mínimamente pudiera secarse, como así sucedió, y me introduje en el saco de dormir intentando entrar en calor. Los perrillos mirándome con cara de circunstancia.

A las 4:00 nos levantamos para continuar la competición (segunda parte), tras haber descartado la salida nocturna. Me puse la ropa mojada para empenzar con buen pie el día (mejor dicho la noche), me tomé un café con leche calentito y un gatorade de esos azules que parece cristasol (que me provocaron una reacción intestinal sin precedentes), y empezamos la marcha de noche, con los frontales.

SEGUNDO ROGAINE

Despues de cruzarnos con el equipo de Hector y David (que llegaban descompuestos del refugio, donde el agua cayó en forma de nieve), iniciamos la marcha que teníamos programada como plan “B” (dos rogaines en vez de tres, con un descanso más largo).

EL PERRO DELATÓ NUESTRA POSICION

Hicimos los tramos 48-33-43 sin complicaciones, el tramo a la 43 (que iba guiando yo en ese momento para dar descanso a Vicente) lo ataqué pegando un curvazo de nivel por una zona técnica, en vez de rodar por la senda (que era la mejor opción en nocturno), entré con seguridad y nos quedamos bloqueados ante un impasable, que era impasable y aparecía en el mapa como impasable.

Sabíamos que el control caía debajo nuestro, pero no sabíamos a qué altura. Entonces en la oscuridad de la noche, un perro comenzó a ladrar; buscamos la parcela en el mapa para ubicarlo, y la distancia a los ladridos nos permitió calcular el punto en el que estábamos. Y así, de noche y con los frontales, bajando una cuesta por medio del bosque, nos dimos de morros con el control. Gracias perrito por chivarnos tu posición. Fue otro de los momentos peculiares de la prueba.

Tras salir del 43 nos metimos en la zona urbanizable para empezar el ascenso a la 79, que estaba al pie de un cortado urbaseño. Picamos y nos fuimos a por la 73, y entonces nos cruzamos con ellas.

Una pareja de ancianitas (calculo entre 70 y 80 años de edad) que estaban compitiendo. Fue otro de los momentazos, de esos que provocan que te escapen las lágrimas, al verlas competir con esas edades.

Al llegar a meta descubrimos que habían sumado 10 puntos más que nosotros, y que no pasaron por el Hash House en toda la competición. Dónde durmieron (si durmieron), y cómo se las apañaron para salvar la lluvia, granizo o nieve, y el frío, es un auténtico misterio. Me quedé con ganas de hacerme una foto con ellas.

Habían equipos alojados en hoteles de la Masella (dentro del mapa), al que pudieron acudir por la noche a descansar, cenar, tomar una ducha caliente y/o cambiarse de ropa, sin necesidad de pasar por hash house, con una estrategia muy aventajadora respecto a los que nos alojamos en el centro de competición. Era parte de las reglas de juego. Hablamos de un mapa de 150 km2.

Había amanecido y aprovechamos el tramo hasta la 95 para charrar un poco. Con el descanso tan largo que hicimos y las barritas proteínicas que iba ingiriendo cada dos o tres horas, me encontraba energéticamente a tope.

Subimos a la 50 por una senda muy bonita, con vacas y becerros por doquier, e hicimos nuestro primer alto de la competición en un avituallamiento líquido. Frutos secos y dátiles, y seguimos la marcha.

Me llamó la atención un equipo que pasó por allí con un portamapas de esquí, al que sin duda le heché el ojo.

El ascenso al 55 se hizo largo, pero lo atacamos bien, sabíamos que luego íbamos de bajada al 35 y ahí en ese punto, en la salida de la 55, tocaba fotaca. Empezaban las vistas pirenaicas y con un sol espléndido.

SI ó NO.

Habíamos estado discutiendo sobre si picar los controles 40 y 91, con el desnivelaco que suponía, o ir a meta y picotear los alrededores (previstos para la nocturna que no hicimos). Íbamos gestionando ya el tiempo de llegada a meta, antes de cumplir las 24 horas.

Bastó con preguntarle a Leo a que habíamos ido allí, para saber cual sería la respuesta.

– “Hemos venido a jugar”, y arriba que nos fuimos los tres.

Sin duda, era la zona con mejores vistas del mapa. Los pirineos en estado puro estaban ahí, esperando nuestro paso para ser inmortalizados, con la toma de varias fotografías.

El ritmo de subida lo marcó Leo, porque cómo he comentado yo iba subiendo ese día a ritmo, como dopado, muy entero para lo que esperaba a esas alturas. Ni ampollas, ni dolores (salvo el del antebrazo), en manga corta, con ese aire tan fresco que me refrigeraba el cuerpo, y con esas vistas tan espectaculares.

LA CAGADA

Habíamos completado sin saberlo el ultimo tramo ascendente del rogaine y fuimos decididos a picar el 91 y 24, con opción abierta a intercalar el control 31.

Hasta entonces, ese día no habíamos cometido un solo fallo de ataque ni de elección de ruta, y el tramo a la 91 sobre el papel, parecía sencillo. Era la primera vez en el campeonato que dejábamos de lado el bosque, para entrar en la zona árida y de pastizales del mapa.

El exceso de confianza, el estrés del cronómetro, el ansia por picar la 31, y la abusiva generalización cartográfica en esa zona, nos hizo perder entre 10 y 15 minutos y dos puestos en la clasificación general.

Empleamos la técnica del abanico para peinar la zona a diferentes alturas, cuando de repente nos apareció un perro pastor por allí pululando que se unió a nuestra búsqueda. No daba sensación de abandonado porque llevaba collar.

Al rato nos apareció por allí un land rover 4×4 campo a través por mitad de la pradera como si nada. La cara de rareza y estupefacción con la que nos quedamos mirando, no fue nada con la que pusieron ellos al vernos a nosotros por allí, con los palitos de trekking. Estaban buscando al perro. Otra situación, excéntrica a la vez que pintoresca.

Sólo pudimos encontrar la ubicación del control, haciendo triangulaciones con el camino de abajo.

Agobiados por la premura del tiempo que nos robó la 91, decidimos entrar a la 31 y dejar la 24 de comodín. Las impresionantes vistas que teníamos nos hizo divisar el clarito del control desde donde estábamos.

La picamos muy rápida, pero insuficiente para alcanzar la 24.

De camino a meta vimos que el tiempo se nos echaba encima. Había que correr, y corrimos. Al final 23:56:24 y 40° en la clasificacion.

La cola de descarga de pinzas se hizo mas corta tomándonos  una merecidísima cerveza fría que nos facilitaron los organizadores.

Aprovechando que habíamos llegado varios orientadores de la Comunidad Valenciana, nos hicimos foto y luego a comer los fideos.

Bravo por los organizadores del evento, su acogimiento, profesionalidad, implicación y simpatía mostrada durante todo el evento.

En fin, hacer orientación en Catalunya siempre resulta especial. Volveré sin lugar a dudas.